domingo 30 de enero de 2011

Vuelos, de Juan Mildenberger

Encontré un gorrión muerto
y lo enterré junto a un rosal
en el jardín de mi madre.

Las raíces absorbieron restos
del pájaro
y las flores cambiaron de color
al cabo de un tiempo,
tanto que las rosas, ahora rojas,
parecen volar en días quietos.

Alguna abeja se mete en las rosas cada tarde
y el pajarito ya está, diminuto,
en algunos panales, poblando la miel,
dulce como ese vuelo que seguirá cambiando
de forma
imperceptiblemente,
misteriosamente,
sugiriendo que la muerte parece ser
apenas
un cambio de ropas.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada